Los procesos de globalización actual, liderados por una economía neoliberal, contribuyen a aumentar las brechas de la desigualdad entre el Norte, cada vez más rico, y el Sur, cada vez más empobrecido, y configuran un mundo interdependiente a muchos niveles. El modelo de producción de los países del Norte repercute inevitablemente en muchas regiones del Sur, los medios de comunicación masivos, las imágenes y representaciones que circulan en torno a la 'riqueza' y la 'pobreza' también tienen consecuencias en las poblaciones y producen movimientos migratorios, las nuevas tecnologías de la comunicación globalizan la cultura del consumo, etc. Se dan por tanto múltiples conexiones que hacen que la forma en que vivimos, aquello que consumimos, cómo nos relacionamos, la manera en que nos desplazamos, etc., nos vincule con otras regiones y países del mundo, porque afectan a otras personas. Nuestra vida cotidiana se relaciona con lo macro, con lo estructural, de ahí la necesidad de profundizar en el conocimiento y análisis de la realidad de las sociedades del Sur y de la situación de las mujeres, y adquirir un compromiso real como parte de una ciudadanía global activa y responsable.
En este contexto, la equidad entre hombres y mujeres constituye un objetivo fundamental para lograr sociedades más justas e igualitarias donde todas las personas tengan las mismas oportunidades de desarrollar sus capacidades, puedan vivir en libertad y se respeten y protejan sus derechos. A pesar de que a nivel discursivo este principio se incluyó hace ya décadas en la agenda global de desarrollo, la realidad nos demuestra que la desigualdad de género forma parte y estructura nuestras sociedades, tanto en el Norte como en el Sur. Desde que la década de los 70 fuera declarada la Década de la Mujer por las NN.UU se ha avanzado enormemente en el reconocimiento de la necesidad de incorporar a las mujeres a los procesos de desarrollo y se han elaborado gran cantidad de instrumentos jurídicos y declaraciones de principios que establecen formalmente mecanismos para lograr una igualdad real entre hombres y mujeres. Sin embargo, la situación de las mujeres en el mundo continúa marcada por la desigualdad en cuanto al acceso, uso, control y beneficios de los servicios de los ecosistemas, así como sobre el poder para tomar decisiones sobre sus propias vidas y sus cuerpos.
En la tarea de incorporar a las mujeres a los procesos de desarrollo, los enfoques adoptados han estado muy ligados a las concepciones de 'desarrollo' hegemónicas de cada momento, y por tanto han ido evolucionando al compás de las diferentes coyunturas históricas. Desde los primeros enfoques que consideraban a las mujeres en sus roles tradicionales reproductivos, pasando por planteamientos que valoraban a las mujeres en función de su productividad, se ha ido conformando un corpus teórico y metodológico muy rico que a día de hoy, constituye todo un ámbito de actuación y conocimiento, al que han contribuido enormemente feministas y grupos de mujeres de todo el mundo. El enfoque Género en el Desarrollo (GED) supone un cambio de perspectiva fundamental y apunta a transformaciones más estructurales. Tiene como objetivo satisfacer los intereses estratégicos de las mujeres y para ello propone transversalizar el enfoque de género en todas las acciones y proyectos de desarrollo para abordar las necesidades y demandas particulares de las mujeres. El análisis de las relaciones de género, como relaciones jerárquicas de poder nos permite visibilizar las condiciones específicas de las mujeres, explicar las causas de su subordinación, y crear estrategias para su empoderamiento.